Los
psicólogos, sociólogos
y representantes de profesores alertan:
los adolescentes españoles
llevan años coqueteando peligrosamente
cada fin de semana con el alcohol,
y el problema se agrava. Las leyes
que en diferentes comunidades autonómas
se han implantado para apartar a
los menores de la bebida no han
tenido mucho éxito. No sólo
no remite el número de chicos
aficionados al botellón,
sino que cada vez lo practican antes.
Los adolescentes comienzan ya a
beber poco después de cumplir
los 13 años. Otro fenómeno
se ha hecho evidente: son más
las chicas que han probado el alcohol.
El 81% de las adolescentes asegura
haber bebido alguna vez, frente
al 79,8% de los chicos.
Nadie
puede comprar alcohol en Madrid
a partir de las 10 de la noche.
En ningún sitio. Ni siquiera
pedir un bote de cerveza al motorista
que trae la pizza a casa. En teoría,
la Ley de Drogodependencias y de
Otros Transtornos Adictivos (más
conocida como ley antibotellón),
aprobada en junio de 2002, se redactó
para proteger al menor y alejarlo
de la tentación de la borrachera.
En teoría. Una chica de 13
años, estudiante de segundo
de la ESO, contaba el jueves cómo
su grupo de amigos se las apaña
para comprar una botella de J. B.
una tarde de sábado: "Se
elige una chica que parezca mayor
y la pintamos entre todas, para
que parezca que tiene aún
más años. Luego va
sola a las tiendas de los chinos.
Ahí casi nunca te piden el
carné". La edad de la
estudiante que explica la treta
no es ninguna anécdota: un
estudio del Plan Nacional sobre
Drogas ha revelado que los adolescentes
se acercan ya al alcohol a los 13
años (y no a los 15, como
en 2002); su sexo tampoco: otro
informe de la Agencia Antidroga
de la Comunidad de Madrid señala
que por primera vez son ya más
las chicas adolescentes que beben
alcohol que los chicos.
Los
expertos aseguran que no hay un
motivo que explique por sí
solo estos comportamientos. El psiquiatra
Carlos Álvarez Vara, experto
en drogodependencias y director
de Relaciones Externas de la Agencia
Antidroga, apunta una causa general:
"La mujer se ha incorporado
a la sociedad, cada vez menos discriminativa,
y va incorporando todos sus roles".
Esto serviría para ilustrar
una supuesta igualdad. Pero ¿Por
qué las chicas son más?.
"Este tipo de fenómenos
sociales son lentos y siempre arrastran
una inercia inicial. Tenderá
a equilibrarse en 10 años",
añade Álvarez Vara.
Éste resalta los efectos
negativos que acarrea este cambio:
"La misma cantidad de alcohol
es más perjudicial en una
chica que en un chico, por razones
de peso, de talla y por factores
hormonales".
Pilar
Triguero, miembro de la junta directiva
de la Conferencia Española
de Asociaciones de Padres y Madres
de Alumnos de España, y madre
de dos adolescentes -un hijo de
15 años y una hija de 13-,
está convencida de que lo
que empuja a las chicas a beber
es "que tienen que superar
a los chicos en todo". "Hemos
llegado tarde a muchas cosas, pero
ahora todo lo tenemos que hacer
más o mejor que los hombres.
Lo sé por mi hija: compite
con mi hijo hasta en los deportes
que él practica", añade.
El
sociólogo Lorenzo Sánchez
Pardo, especializado en temas de
alcohol, aporta otra idea más:
"Ahora mismo, la publicidad
de alcohol, sobre todo la que va
dirigida a los adolescentes, se
centra en las chicas, un mercado
hasta hoy inexplorado. Si uno se
fija en los anuncios de alcohol
y tabaco, siempre aparece una chica
en primer plano. El mensaje está
claro: 'Da el paso, no te quedes
atrás'. Antes, había
otro tipo de anuncios. Hay que acordarse
de lo de 'Soberano es cosa de hombres'.
Eso ya es historia".
Otra
razón es fisiológica:
"El botellón es muchas
cosas, pero también es un
ritual de tránsito hacia
la adolescencia, es un poco el paso
de niño a adolescente. Y
las niñas llegan antes a
esa etapa de la vida. Por eso se
cuentan más niñas",
explica Sánchez Pardo. El
jueves pasado, en una clase de alumnos
de segundo de la ESO de Madrid,
una estudiante de 13 años
resumió esto último
en una frase: "Los chicos de
nuestra edad piensan en fútbol;
nosotras pensamos en chicos".
Sus
compañeras ofrecieron un
ramillete de razones que empujan
a los menores, y en especial a las
chicas, hacia el botellón:
"Para hacerse las mayores",
dijo una; "Para probar",
exclamó otra. "Para
que te miren más", señaló
una tercera. "Para que no te
llamen empollona, y porque es lo
que se lleva", resumió
una cuarta.
Ninguna
de ellas confesó beber con
frecuencia, pero todas dieron detalles
concretos de cómo se organiza
un botellón: "Se juntan
unos 20, se van ahí detrás,
al parque, detrás de los
árboles, donde no se les
vea, cada uno pone tres euros, o
más, si son pocos, se compran
en los chinos las bebidas (whisky
J.B., Martini, Coca-cola...) y ya
está". "A veces
se hacen apuestas, como a ver quién
se bebe más tapones de la
botella llenos de whisky",
precisó otro alunno.
Además
de Madrid, existen leyes antibotellón
en Castilla y León, Cantabria,
Cataluña o Extremadura. La
mayoría aprobadas hace más
de dos años. Y sin embargo,
precisamente desde 2002, según
el Plan Nacional sobre Drogas, los
adolescentes de 14 a 18 años
que confiesan haberse emborrachado
durante los días anteriores
al estudio son un 40% más.
"La
ley no se cumple", asegura
José Antonio Martínez,
portavoz de los directores de institutos
de Madrid. "En los colegios
e institutos está prohibido
beber. Y me parece bien. Y a veces
nos registran hasta los frigoríficos
de las salas de profesores. Y me
parece bien. Pero luego sales, y
a la vuelta de la esquina hay una
pandilla de estudiantes bebiendo.
Hay permisividad en la calle, por
parte de las autoridades, y yo creo
que en casa, por parte de los padres".
Pedro
Núñez Morgades, Defensor
del Menor de la Comunidad de Madrid,
anticipa que a la vista de los "alarmantes"
datos de las últimas encuestas,
está elaborando "una
serie de escritos" a las institituciones
para que reaccionen ante el problema.
"Todavía hay facilidad
para acceder al alcohol y el axioma
dice que a mayor disponibilidad,
mayor consumo; hace falta que los
padres se conciencien más,
porque con la droga lo tienen muy
claro, pero no tanto con el alcohol;
y hay que dejar claro que este consumo
de fin de semana crea dependencia",
añade.
Dos
técnicos de la Consejería
de Salud de la Comunidad de Madrid,
Ramón Aguirre e Iñaki
Colón, coinciden en que los
padres "deben enseñar
a beber a sus hijos", pero
que eso "es difícil"
y que lo que más prima "es
el modelo que vean en casa".
El
psiquiatra Álvarez Vara también
critica la "excesiva"
tolerancia y "permisividad"
con la que la sociedad y la familia
tratan ahora a los adolescentes.
"En ningún país
de Europa se permiten los botellones
que se permiten en España.
Y en España, antes hace 25
años, la familia servía
de freno. Existía una autoridad
que ahora no se respeta tanto".
¿Pero
no estaba desfasado este modelo
autoritario de familia? ¿No
es preferible otra relación,
más cercana, entre padres
e hijos?
"Indudablemente",
responde el psiquiatra. "Hay
que encontrar un equilibrio entre
las dos cosas. Pero para eso no
venden manuales de uso en el Corte
Inglés. Cada familia debe
buscar su propio equilibrio".
Mujer
y cocaina
Se
tardará aún varios
años en descubrir los efectos
de toda esta espiral de alcohol,
adolescencia y fines de semana en
la que se desenvuelve el fenómeno
del botellón. "Pasa
igual con las pastillas de éxtasis.
No se sabe todavía qué
efecto tendrán sobre el organismo
a largo plazo", explica el
psiquiatra Carlos Álvarez
Vara, director general de Relaciones
Externas de la Agencia Antidroga
de la Comunidad de Madrid. "En
este caso, como el del botellón,
los jóvenes están
actuando como auténticos
cobayas", añade este
experto en drogodependencias. Con
todo, Álvarez Vara tiene
algunos elementos de juicio, y no
precisamente positivos: "Ahora
se está dando un fenómeno
nuevo, y es el reenganche en la
cocaína de personas de más
35 o 40 años, profesionales,
con hijos, la mayoría para
tomar entre amigos... Pues bien:
todas las mujeres de estos grupos,
que están tomando cocaína,
habían tomado alcohol cuando
eran adolescentes, cuando el botellón
no estaba tan extendido".