Pregunta.
¿Cómo se produjo su
salida del Consejo Escolar del Estado?
Respuesta.
Fui miembro del Consejo Escolar
del Estado desde el momento de su
fundación. Asistí
al proceso de elaboración
del reglamento interior para ver
cómo se podía mejorar
la participación, pero sobre
todo asistí a un trabajo
muy hermoso: el trabajo de la Ley
Orgánica de Ordenación
General del Sistema Educativo (LOGSE)
que el ministerio que dirigía
José María Maravall
se había tomado en serio.
Lo dejé hace dos años,
cuando la Ley Orgánica de
Calidad de la Educación (LODE)
pasaba por el Consejo.
P.
¿Cree que el PSOE debería
haber paralizado por completo la
LOCE?
R.
No conozco muy a fondo el funcionamiento
de la Administración central.
Creo que ahora la conoceré
mejor, dada mi nueva situación.
Es muy posible que yo hubiera paralizado
el calendario de aplicación
para así dar tiempo a recuperar
el espíritu de la LOGSE,
aunque me temo que esto no sea muy
popular. Creo que en este momento
debo guardarme mis opiniones, ya
que estoy en un puesto en el que
debo favorecer que florezcan todas
las opiniones y procurar que se
produzcan acercamientos entre ellas.
Para elaborar la LOGSE, Maravall,
antes de enviarla a las Cortes,
en 1987 envió el proyecto
de ley a todas las escuelas de España
y pidió a todos los grupos,
movimientos, sindicatos, etcétera,
que informaran sobre aquella propuesta;
una vez recogidas en símbolos
todas las opiniones, las imprimió
y las volvió a repartir a
los mismos que se las habían
enviado junto con el Libro Blanco
y junto con un estudio económico.
Era la primera vez que en España
se hacía una ley de un modo
nuevo. No era puramente una ley
de los grupos políticos,
sino que obedecía realmente
a la participación marcada
por la Constitución.
P.
¿Por qué la LOGSE
acabó generando tantos problemas?
R.
Los problemas llegaron cuando empezó
a funcionar la secundaria en 1996.
En aquel momento la situación
cambió doblemente: por un
lado, todas las autonomías
ya tenían las competencias
traspasadas, y por otro lado, empezó
a gobernar el Partido Popular. El
nuevo modelo ponía en un
mismo centro no sólo niños
diferentes que habían estado
separados, sino a profesores de
bachillerato, de formación
profesional y maestros. De modo
que, o se hacía con un tacto
extraordinario, o corría
peligro. Y yo diría que se
hizo con poco tacto. No en todos
lados. Los problemas se han producido
con las instituciones grandes, antiguas,
públicas y especialmente
en zonas urbanas conflictivas, que
no han tenido ni una autoridad educativa
que velara por ellas una por una,
ni la posibilidad de que el municipio
interviniera, porque los municipios
no tienen competencias. Todo esto
queda ahora muy lejano. Pero cuando
hace dos años dimití
del Consejo, yo sabía que
durante cuatro años el PP
había dejado que la situación
se pudriera, y cuando obtuvo la
mayoría absoluta argumentó
que la gente estaba en contra de
la LOGSE, cuando en realidad estaba
en contra de la mala aplicación
de una ley que en los lugares pequeños,
en los lugares nuevos y en la escuela
privada era buena. Por tanto, fue
una desidia del PP, de no querer
usar la escuela pública,
lo que motivaba una nueva ley.
P.
¿Piensa que el Gobierno ha
generado incertidumbre al parar
la aplicación de la LOCE?
R.
El próximo curso prácticamente
no se pone en marcha nada nuevo.
Para el siguiente se están
dando tiempo. En este momento, el
borrador de decreto existente es
sobre el nuevo calendario. No se
toca nada de la LOCE, sólo
el calendario. Se dice: tal medida
tardará dos años,
esta otra otros dos... No tengo
una opinión en profundidad,
pero tampoco podría exponerla
si la tuviera debido al cargo que
ostento.
P.
¿Qué papel juega el
Consejo Escolar del Estado?
R.
Yo he aceptado, y así se
lo dije a la ministra de Educación,
María Jesús San Segundo,
por dos razones. En primer lugar,
por mi trayectoria vital, que incluye
el hecho de haber estado presente
en la definición, entre 1975
y 1976, de lo que debía ser
la futura escuela pública,
que entonces era muy futura, y en
la que se daba prioridad a que fuera
muy participativa. La otra razón
es que considero que no está
bien definida la situación
de las autonomías, que ahora
ostentan todas las competencias
en materia de educación.
Le dije a la ministra que desearía
llegar a ser la presidenta del Consejo
Escolar del Estado de las Autonomías.
P.
¿Iba la LOCE, promovida por
Pilar del Castillo, en sentido contrario?
R.
Era, sin duda, una retirada al centralismo.
Porque la LOGSE hablaba de mínimos,
no fijaba las horas que debían
dedicarse a cada materia, establecía
un sistema de tercios: el Estado
central fijaba un tercio, la autonomía,
otro y el propio centro, el restante.
P.
¿Cuál es su posición
sobre la enseñanza de religión
en la escuela?
R.
Es curioso, en este país
la educación en la religión
ha sido obligatoria desde el inicio.
A tu hijo se le enseñaba
obligatoriamente el catecismo desde
1850 hasta 1931. No había
concepción de escuela laica.
Luego, los primeros que dijeron
que la escuela debía ser
laica, la República, perdieron
la guerra. Y los segundos somos
estos desventurados socialistas
que de vez en cuando perdemos el
Gobierno y de vez en cuando lo tenemos.
Ahora lo hemos vuelto a coger. El
argumento de la religión
en la escuela es una vergüenza
nacional y también religiosa.
Yo, como maestra cristiana, cuando
he querido hacer educación
religiosa he ido a la parroquia,
he hecho catecismo y he aconsejado
a los padres de las escuelas en
las que he trabajado que vayan a
la catequesis de la parroquia. La
religión principal de la
escuela es la de la convivencia,
del civismo, y en la escuela deben
aprender a convivir distintas creencias
y convicciones. Éste es el
objetivo de la escuela. De la escuela
pública, indefectiblemente,
pero yo diría que de toda
la escuela.
P.
¿Cómo se conjuga la
religión con la integración
de decenas de miles de alumnos de
procedencia inmigrante y de creencias
diversas?
R.
Hay que pensar con qué criterios
se puede hacer entender a los niños
que cada uno tiene su religión,
cuando resulta que el Estado ha
querido hacer los funerales de unos
asesinatos como los del 11-M sólo
en una catedral católica
y con un rito católico. Llevamos
siglos de retraso y no nos damos
cuenta. Estas cosas sólo
las ven los niños, mucho
mejor que los mayores.
P.
¿Qué calendario prevé
para rehacer el modelo educativo?
R.
No puedo prever un calendario, aunque
sí imagino el proceso que
me gustaría seguir. Estoy
acostumbrada, desde los tiempos
de mi madre, que era maestra de
la Mancomunidad de Cataluña
[la institución que precedió
a la Generalitat de 1932] e iba
a las escuelas de verano, a valorar
el trabajo y las peticiones que
hacen los maestros en su conjunto,
especialmente las de carácter
pedagógico.Por
ejemplo, en tiempos de la República
la escuela de verano que reunía
a los profesores acababa cada año
con una propuesta que la Generalitat
podía convertir en decreto;
sobre la enseñanza de la
lengua, sobre el civismo, sobre
la nueva escuela unificada, sobre
un sinfín de temas. Para
mí el proceso que deberíamos
seguir ahora debería volver
a ser un proceso de vivificación.
En este momento, España tiene
una pequeña red importante
de movimientos de renovación
pedagógica. En 1983 convencí
al ministro Maravall para hacer
un primer congreso de renovación
pedagógica. No es sencillo,
pero para mí es el camino,
a través de un buen trabajo
de futuro que tuviera como resultado
que el Consejo Escolar de cada comunidad
autónoma no sólo hiciera
lo que le pide la ley, el informe
anual de cómo está
la enseñanza en su ámbito,
sino que haga uno de las aspiraciones
del mundo educativo.