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FONDO
MONETARIO INTERNACIONAL (FMI):
60 AÑOS DE VIAJE A NINGUNA PARTE
Texto
conjunto (junio 2004) de Intermón-Oxfam y Cáritas
Española
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Los
próximos días 14 y
15 de junio, el FMI viene a España
a “celebrar” sus 60
años de vida. Conjuntamente
con el Banco de España, organiza
un seminario titulado “Dólares,
Deuda y Déficits: 60 años
después de Bretton Woods”.
Cáritas e Intermón
Oxfam consideramos que es poco lo
que hoy se puede celebrar. 60 años
después de su creación,
la desigualdad, la pobreza y la
desesperanza han aumentado en el
mundo en desarrollo sin que el FMI
haya sabido o haya querido hacer
algo realmente relevante para evitarlo.
Dólares... que no han llegado
en cantidad suficiente para que
los países más pobres
puedan afrontar los principales
retos de su desarrollo; Deuda...
que les sigue asfixiando hasta el
punto de que la transferencia neta
anual de recursos financieros resulta
favorable a los países ricos
en casi 150.000 millones de dólares;
y Déficit, que ha llegado
a ser un dogma contable para los
economistas del FMI, anteponiendo
hasta límites extremos cifras
satisfactorias en ese campo a mejoras
concretas en las condiciones de
vida de las personas.
60 años del FMI:
nada que celebrar.
En 1944 en Bretton Woods, fueron
creados el Fondo Monetario Internacional
y el Banco Internacional para la
Reconstrucción y el Desarrollo,
hoy conocido como Banco Mundial.
60 años han transcurrido
desde entonces, y el FMI ha alcanzado
una relevancia para el mundo en
desarrollo que no cabía imaginar
en el tiempo de su creación.
De hecho ha ampliado sus atribuciones
sin que haya mediado una decisión
oficial al respecto, desde los créditos
para recuperar el equilibrio en
la balanza de pagos hasta llegar
al diseño de políticas
públicas para el mundo en
desarrollo a través de la
condicionalidad. Su decisivo rol
en los países pobres, en
especial desde la crisis de la deuda
de 1982, no ha supuesto el despegue
económico y social de esos
países, ni el retroceso de
males endémicos como la desigualdad
y la pobreza.
Desgraciadamente, 60 años
después, la desigualdad,
la pobreza y la desesperanza han
aumentado en el mundo en desarrollo
y siguen castigando a las mayorías
pobres de nuestro planeta. No cabe,
entonces, una celebración
alegre de este aniversario, sino
una revisión a fondo de lo
sucedido hasta ahora, para reorientar
y transformar su papel en el mundo,
y su rígida doctrina económica.
Este 60 aniversario es ante todo,
la ocasión para rectificar
e iniciar un nuevo camino que, más
allá de ejercicios estériles
de retórica, anteponga la
lucha contra la pobreza, el derecho
al desarrollo y el cumplimiento
de los Objetivos de Desarrollo del
Milenio1 (ODM) para el año
2015 a cualquier otra consideración.
El reto entonces de las instituciones
de Bretton Woods es, a fin de cuentas,
sencillo: renovarse o morir.
Cáritas Española e
Intermón Oxfam, desde el
conocimiento directo de las condiciones
de vida de los sectores populares
con los que trabajamos–
conjuntamente con nuestras redes
internacionales, Cáritas
Internacional y Oxfam Internacional-
presentes en todas las regiones
en desarrollo, podemos constatar
que desde que el FMI asumió
un papel central para el mundo en
desarrollo en los años ochenta,
las condiciones de vida de las mayorías
pobres y sus expectativas de un
futuro mejor se han deteriorado.
Lo sabemos porque trabajamos cotidianamente
con millones de personas para transformar
esa realidad y comprobamos cómo
las políticas del FMI operan
desgraciadamente y con mucha frecuencia
en sentido opuesto.
Objetivos de Desarrollo
del Milenio: ocho grandes metas.
Han sido asumidas por los 189 Estados
Miembros de las Naciones Unidas,
incluyendo entre otros: la erradicación
de la pobreza extrema y el hambre,
el logro de la enseñanza
primaria universal, la promoción
de la igualdad entre los géneros
y la autonomía de la mujer,
la reducción de la mortalidad
infantil y la sostenibilidad del
medio ambiente. Diez razones de
peso y una conclusión desesperada.
-
Déficit
democrático y un reparto
de poder desequilibrado.
A pesar de que tanto el FMI como
el BM le conceden mucha importancia
teórica a la democracia
y el buen gobierno, el hecho es
que en sus propias prácticas
dichos principios brillan por
su ausencia. Así, el poder
de voto dentro del FMI se concentra
en los países occidentales
en función de su aportación
de capital, y tan sólo
EEUU mantiene un poder unilateral
de veto, con un peso relativo
6 veces mayor al de 42 países
de Africa subsahariana juntos.
Mientras los usuarios del FMI
son fundamentalmente los países
en desarrollo (y es en ellos donde
las políticas definidas
desde su sede de Washington se
aplican), son los países
ricos los que gestionan su actividad
y definen sus orientaciones. Por
otra parte y en virtud de un obsoleto
“pacto entre caballeros”,
Europa y Estados Unidos se siguen
repartiendo amigablemente los
cargos de máxima responsabilidad
en el Banco Mundial y el FMI,
en un sistema más propio
del tiempo colonial que recientemente
ha provocado una protesta de más
de 100países en desarrollo.
-
Orientación
técnica carga de contenido
político.
El FMI defiende su “neutralidad”
política y se define a
sí mismo como una institución
técnica que asesora a los
Gobiernos. Sin embargo, la realidad
es muy diferente: desde la crisis
de la deuda de 1982, el FMI adoptó
un rol marcadamente político
en las medidas que adoptó
y en su relación con el
mundo en desarrollo, asumiendo
atribuciones muy distantes de
su mandato inicial. Su posición
de prestamista de última
instancia -especialmente requerido
en tiempos de crisis- le ha otorgado
un poder casi absoluto sobre el
diseño de las políticas
públicas de sus usuarios,
a cuya aplicación condiciona
la concesión de créditos.
Es decir, domina con guante de
seda –pues las medidas son
aplicadas de motu propio para
conseguir el crédito- y
puño de hierro –un
modelo ultraliberal rígido
y muy exigente- el modelo de desarrollo
de media humanidad. Alegar que
su recetario económico
es incuestionable amparado en
la neutralidad de la técnica,
olvida que la economía
no es una ciencia exacta y que
no existen recetas únicas
sino contextos diferentes y realidades
sociales y culturales ricas y
diversas entre sí que exigen
caminos políticos diferenciados
hacia el desarrollo.
-
Préstamos
condicionados a rígidas
medidas macroeconómicas.
Para conceder sus créditos
el FMI establece rígidas
condiciones de “estabilización
y ajuste”: apertura externa
y liberalización interna
aceleradas, privatización
de sectores estratégicos
y confianza ciega en la inversión
externa son elementos definitorios
de la doctrina económica
del FMI. Una doctrina que resulta
impermeable a la evidencia del
desigual resultado de sus recetas,
y del choque que supone para economías
menos dinámicas el someterse
repentinamente a la competencia
global. Además, el capital
externo ha resultado ser demasiado
volátil y concentrado en
pocos países, por lo que
no es válida la fórmula
que le otorga un peso prioritario
en el proceso de desarrollo. Con
demasiada frecuencia, el FMI establece
las medidas a poner en marcha
desde supuestos excesivamente
optimistas, sobreestimando las
cifras de crecimiento económico,
ingresos por exportaciones, y
entrada de capital privado. A
partir de ahí, insiste
a la Comunidad Internacional en
que no es necesaria tanta AOD
o una mayor reducción de
la deuda… Estas predicciones
sistemáticamente infladas
son no sólo desacertadas
y decisivas para los países
afectados, sino un grave ejemplo
de falta de honestidad analítica.
El FMI desconsidera la realidad
social, cultural, política
e histórica de los países
y diseña las políticas
desde Washington y desde las suites
de los grandeshoteles internacionales
de las capitales pobres del mundo;
es difícil tener una perspectiva
bien enfocada en la realidad social
y la pobreza desde ahí.
-
Falta
de compromiso con la pobreza y
con los Objetivos de Desarrollo
del Milenio. Hoy
están asumidos por la Comunidad
internacional en su conjunto los
objetivos centrales de la lucha
contra la pobreza y la consecución
de los ODM. Esto debería
afectar directamente a las recomendaciones
y políticas establecidas
por el FMI, que ha manifestado
expresamente su compromiso conel
logro de dichos objetivos. Sin
embargo, no se están considerando
metas, medidas y políticas
concretas para alcanzar esos resultados,
ni se ha apreciado un cambio específico
en las orientaciones para garantizar
el logro de esos compromisos.
La falta de prioridad que la entidad
concede a la consecución
de los ODM manteniendo exigencias
que incluso van en su contra-
tiene un enome impacto. Si los
países cumplen las recomendaciones
del FMI, pueden poner en peligro
la consecución de dichos
objetivos. Si no las cumplen,
lo que peligra es su capacidad
de obtener recursos, tanto del
propio FMI, como de otros donantes,
que a menudo les exigen como condición
el estar “al día”
en sus acuerdos con las instituciones
de Bretton Woods.
-
Incapacidad
para resolver el lastre de la
deuda externa. Con
el estallido de la crisis de la
deuda en 1982, el FMI respaldó
un endeudamiento acelerado de
los países en desarrollo
para evitar una sucesió
de impagos a sus acreedores del
Norte. Esta estrategia llevada
adelante por el FMI resultó
en la década perdida del
desarrollo en los ochenta y en
una década posterior de
inestabilidad con un resultado
final de estancamiento. El FMI
primero alentó un endeudamiento
acelerado, y posteriormente ha
promovido distintas iniciativas2
para abordarlo que no han solucionado
elproblema. Esquemas voluntarios,
restringidos a pocos países
y con numerosos obstáculos
y condicionalidades dan como resultado
el fracaso de la resolución
de la crisis de la deuda. La medición
de la sostenibilidad de la misma
en función de las exportaciones
o el PIB -pero no por logros concretos
en términos de desarrollo
o pobreza- es otra de las paradojas
de estas iniciativas. Más
graves resultan las actuaciones
en las que el FMI aceleró
la concesión de créditos
a gobiernos amigables, respaldando
implícitamente sus posibilidades
en periodos electorales, como
ocurrió con el golpista
Fujimori en Perú o el padre
de la desindustrialización
y la gran crisis argentina Carlos
Menem.
-
Ciego
al impacto social y ambiental.
Son múltiples las voces
que desde distintos frentes se
han alzado para denunciar y demostrar
el impacto social y ambiental
de las políticas del FMI
en los países en desarrollo.
Sin embargo, la institución
ha sido incapaz de reconocer de
manera expresa su papel en dicho
deterioro, alegando generalmente
la aplicación incorrecta
de sus políticas. Al final
de los noventa y tras la constatación
del espejismo del desarrollo por
el capital externo que desembocó
en severas crisis financieras
en varios continentes, el FMI
se instaló en una nueva
retórica de la pobreza
y el desarrollo, comprometiéndose
entre otras cosas a desarrollar
estudios de impacto previos a
la ejecución de sus condiciones
y políticas recomendadas.
Sin embargo, el propio FMI reconoce
que ninguno de sus actuales programas
incluye un estudio riguroso sobre
su impacto social.
-
Participación:
un discurso reciente, un reto
pendiente. Por otro lado,
y para abordar el problema de
la falta de apropiación
de sus recetas, el FMI estableció
en el último lustro un
nuevo mecanismo de definició
de políticas que incorporaba
procesos participativos para la
definición de las mismas
a través del diseño
de documentos estratégicos
llamados PRSP4. Pero con demasiada
frecuencia, los programas “recomendados”
por el FMI son elaborados de manera
centralizada en Washington, dejando
muy limitada capacidad de intervención
desde los propios países.
Si los responsables gubernamentales
se encuentran con dificultades
en este sentido, peor es aún
el caso de los parlamentos nacionales
y de la sociedad civil. A pesar
de que los PRSP han supuesto un
avance en este sentido, las deficiencias
son todavía demasiado frecuentes.
Por otra parte, se trata en cualquier
caso de una práctica que
no ha traspasado al resto de actividades
de la institución, y de
hecho la participación
de la sociedad civil en la formulación
de los PRGF es todavía
esporádica y superficial.
-
Inaccesible
al control de sus legítimos
dueños. El
FMI, organización cuyos
socios son estados, rara vez rinde
cuentas a lapoblación,
por debajo de los niveles de gobierno.
Quienes financiamos la institución
y somos sus legítimos dueños
–los ciudadanos y ciudadanastenemosderecho
a saber qué se hace con
nuestro dinero, a quiénes
se apoya, qué funciona
mal, qué sueldos se pagan,
por qué se apoya a ciertos
regímenes, se rescata a
inversores privados… pero
ese balance se nos hurta, y el
FMI, responsable de tantas políticas,
rinde cuentas tan sólo
en su sede de Washington. Tampoco
rinde cuentas el FMI a la institución
de la que formalmente depende,
las Naciones Unidas; demuestra
así su poder y su visión
de que tal dependencia tan sólo
está en los organigramas
y no en la práctica de
la institución financiera
ni de los países que la
dirigen. Por su parte, los gobiernos
que nos representan allí
se dan por satisfechos con este
nivel de información, y
se resisten a menudo a informar
de vuelta en sus países
de origen. Este viene siendo el
caso de España, donde no
existe una tradición de
información pública
sobre las posiciones defendidas
en los organismos financieros
internacionales, objetivos planteados,
logros alcanzados... de hecho
los intentos efectuados por abrir
este debate a través de
comparecencias parlamentarias
se han visto siempre rechazados
por el gobierno de turno. Y a
diferencia de todas las grandes
Instituciones Financieras Internacionales,
el Fondo no cuenta con mecanismos
de inspección independiente
para investigar las quejas recibidas
por parte de gente cuyas condiciones
de vida se han visto muy negativamente
afectadas por sus programas.
-
Incapacidad
de crítica y aprendizaje
e impunidad ante los malos resultados.
Los éxitos económicos
y sociales de los países
que han recibido las recomendaciones
del FMI pueden contarse con los
dedos de una mano, pero la lista
de países cuyas condiciones
se han deteriorado es muy larga.
Sin embargo, el FMI no rinde cuentas,
ni es llamado a capítulo.
Parece que el fracaso de su trabajo
no tiene costes concretos para
nadie en la institución,
y desde su directorio no se asume
el reiterado fracaso en mejorar
las bases del crecimiento y del
desarrollo. Las cifras agregadas
que hoy nos dan el resultado del
crecimiento del mundo en desarrollo
viven bajo el maquillaje del crecimiento
de China, completamente ajeno
al FMI, que sin embargo utiliza
esas cifras para hacer un balance
benévolo de los noventa.
El FMI ha mostrado una nula capacidad
de autocrítica y una muy
limitada capacidad de aprendizaje
y rectificación de sus
propios errores y de la demostrada
diversidad de sendas que existen
hacia el desarrollo. Además,
el efecto que la mala prescripción
de políticas ha tenido
sobre millones de personas -muchas
de las cuales no ven otro horizonte
que la emigración- es algo
sobre lo que no se rinden cuentas;
los fracasos caen en la espalda
de la gente corriente, pero la
burocracia del FMI y su directorio
jamás asumieron responsabilidad
alguna.
-
Inconsistencia
entre sus recomendaciones y su
forma de actuar.
El FMI plantea políticas
de austeridad y ajuste, pero paga
salarios de vértigo, y
sus estancias, comidas y reuniones
se mantienen en hoteles y restaurantes
de lujo. Preconiza recortes sociales,
pero ofrece a sus funcionarios
seguros privados que cubren todas
las necesidades sociales a las
que la gente corriente de los
países que aplican sus
recetas jamás podrán
acceder. De ese modo, resulta
difícil creer el discurso
de una institución que
dice haberse reorientado pero
cuyo funcionamiento revela prácticas
cotidianas propias de una gran
compañía multinacional
privada. Desde esa posición
en el mundo y en la sociedad,
sus recomendaciones sobre políticas
públicas parece que no
pueden ser diferentes que las
que hoy por hoy se realizan.
-
…Y
la conclusión desesperada.
El FMI se ha constituido, a pesar
de los vaivenes en su mandato,
en una institución decisiva
para la vida de millones de personas
en los países pobres, muy
en especial desde los años
ochenta. A pesar de ello, su funcionamiento
y sus políticas han obedecido
siempre a una lógica y
a unos intereses mucho más
cercanos a sus accionistas del
norte. Pregona buen gobierno,
pero su funcionamiento práctico
constituye un ejemplo de desequilibrio
de poder y falta de transparencia.
Impone eficacia, pero sus propias
políticas han sido incapaces
de alcanzar los resultados esperados,
sin que ello haya tenido ninguna
consecuencia efectiva en un cambio
de rumbo en la institución.
De
modo que estos 60 años no
son sino un momento crítico.
En que el FMI puede seguir viviendo
en lujosos edificios, hoteles y
restaurantes, alejado del mundo
y de la realidad de la pobreza,
pero ya ha agotado su crédito
social. Urge entonces una profunda
renovación de sus principios
de intervención, de sus sistemas
de Gobierno y de su planteamiento
ante el desarrollo. El mundo necesita
instancias multilaterales creíbles
y volcadas a resolver sus problemas,
y el FMI no ha querido serlo hasta
ahora. Esta etapa crucial puede
ser el inicio de ese nuevo camino
o el naufragio definitivo en una
borrachera de optimismo y autocomplacencia.
El reto está servido.
Algunas evidencias recientes.
-
En 1981, el número de latinoamericanos
que vivía con dos dólares
por día era de 99 millones,
cifra que pasó a 128 millones
en 2001. En las naciones africanas
al sur del Sahara, región
donde viven 673 millones de personas,
el PIB per cápita se contrajo
un 13% desde 1981. Ello provocó
que el número de personas
en situación de pobreza
extrema creciera de 164 a 314
millones.
-
En
Armenia, un grupo de economistas
locales participó estrechamente
con el Ministerio de economía
para producir su propio marco
macroeconómico para el
PRSP. Estos cálculos reconocían
la importancia del crecimiento,
pero también de la equidad,
y por ello establecían
objetivos en ambos rubros. Así
se incluyó en la primera
versión del PRSP, pero
cuando en mayo de 2003 se publicó
una segunda versión este
marco previamente acordado había
desaparecido sin ninguna explicación,
a favor de las cifras acordadas
con el FMI en el Programa de Crecimiento
y Reducción de la Pobreza
(PRGF). A pesar de que el hecho
fue denunciado a los Directorios
del Banco Mundial y del FMI, dicha
reclamación no fue atendida.
-
Aunque
el FMI se ha comprometido en los
últimos años a ser
más flexible en sus objetivos
fiscales, la propia institución
reconoce que de manera general
sus indicadores han variado poco
desde los antiguos programas de
ajuste estructural. En este sentido
llama la atención el caso
de Camerún, al que el FMI
exige pasar de un déficit
fiscal de –0,7 a un superávit
de 0,7 en el año 2005.
Dicha cantidad representa un 1,4%
de su Producto Interior Bruto,
y podría haber permitido
duplicar el presupuesto de salud.
Según el el PRSP camerunés
con las limitaciones actuales
en gasto social el nivel de mortalidad
infantil en el año 2015
superará en un 44% el objetivo
establecido por las Naciones Unidas.
-
En
Honduras, el FMI ha mantenido
un contencioso con el gobierno
del país por considerar
que había subido en exceso
los salarios de los profesores.
Por este motivo, tanto el alivio
de la deuda comprometido en la
iniciativa HIPC como la ayuda
de otros donantes han estado retenidos,
alcanzando una cantidad cercana
a los 400 millones de dólares.
Este dinero multiplica por ocho
la cantidad necesaria para completar
la financiación del programa
para lograr la escolarización
primaria universal en el país.
-
Después
de beneficiarse de la iniciativa
HIPC, Senegal va a seguir destinando
el 15% de sus ingresos al pago
de la deuda, comparado con un
6% en salud. Países como
Zambia, Mali, Niger y Gambia igualmente
van a seguir destinando más
recursos al pago de la deuda que
a educación, y hay otros
11 países que ni siquiera
han empezado a recibir el alivio
de una iniciativa que supuestamente
termina a fin de año. Y
ello teniendo presente que dicha
iniciativa tan sólo beneficiará
a 33 países sobre un total
de más de 80 países
muy endeudados.
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