|
"La lucha contra la miseria, aunque es urgente y necesaria, es insuficiente.
Se trata de construir un mundo en el que cada hombre, sin exclusión
alguna por raza, religión o nacionalidad, pueda vivir una vida plenamente
humana, liberada de las servidumbres debidas a los hombres o a una naturaleza
insuficientemente dominada; un mundo en el que la libertad no sea palabra
vana y en donde el pobre Lázaro pueda sentarse a la mesa misma del rico..."
(Pablo VI, Populorum Progresio, 47)
Desde
hace mas de cincuenta años en el mundo existe un Movimiento de Países
no Alineados - MNOAL - que, en líneas generales, se encuentra compuesto
por naciones en vías de desarrollo - llamadas comúnmente
del Tercer Mundo -, que tiene como propósito construir un sistema
internacional basado en la paz, la justicia, la igualdad, la democracia
y el pleno respeto de los derechos humanos.
En la actualidad, el
MNOAL esta compuesto por 118 países de los
cuales 53 pertenecen a África, 38 a Asia, 1 a Europa y 26 a América
Latina y el Caribe. Ahora bien, un desglose de los principales posicionamientos
políticos de este movimiento, nos podrá ayudar a descubrir
que los mismos poseen grandes coincidencias con la doctrina cristiana.
En
efecto, uno de los puntos principales que propone el MNOAL es el reconocimiento
mundial de que todos los derechos humanos son universales, inalienables,
indivisibles, interdependientes e interrelacionados y que la comunidad
internacional debe tratarlos de manera global, justa, equitativa y con
el mismo énfasis, respetando la importancia de las particularidades
nacionales y regionales y los diversos antecedentes culturales y religiosos.
En este mismo sentido se expresa el cristianismo, ya que con claridad en
el mismo se plantea que "...la igualdad entre los seres humanos en su dignidad,
por ser creados a imagen y semejanza de Dios, se afianza y perfecciona
en Cristo. Desde la Encarnación, al asumir el Verbo nuestra naturaleza
y sobre todo su acción redentora en la cruz, muestra el valor de
cada persona. Por lo mismo Cristo, Dios y hombre, es la fuente más
profunda que garantiza la dignidad de la persona y de sus derechos. Toda
violación de los derechos humanos contradice el Plan de Dios y es
pecado..." (Santo Domingo, 164)
Así mismo, otro
de los pilares sobre los cuales se sostiene el MNOAL es su abierta condena
a todas las acciones militares unilaterales, incluidas aquellas realizadas
sin la autorización
del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, así como a las amenazas
de acciones militares contra la soberanía, integridad territorial
e independencia de los países miembros del Movimiento, que constituyen
actos de agresión
y una violación manifiesta de los principios de la no intervención
y de la no injerencia. De igual manera, el cristianismo reconoce en las
guerras, el terrorismo, la miseria, las opresiones e injusticias, etc.,
el origen de todos los males individuales y colectivos que padecen las
naciones del mundo, ya que a través de ellos el ser humano rompe
la solidaridad con el prójimo y destruye la armonía de la
naturaleza. De ahí que, al haber sido el hombre creado bueno, a
imagen y semejanza de Dios, cuando realiza guerras, en las que mueren miles
de inocentes, por razones egoístas, mezquinas y económicas,
cae en una dramática situación de pecado y queda enemistado
con el Señor (Cf. Santo Domingo, 9)
En íntima relación
con el tema anterior, el MNOAL plantea su compromiso con el proceso de desarme
general y completo bajo estricta verificación internacional, abogando,
en particular, por el logro del desarme nuclear. Los países no alineados
defienden firmemente la idea de que la eliminación total de las armas
nucleares es la única
garantía absoluta contra el uso o amenaza de uso de las mismas.
Esta postura también se encuentra en sintonía con los postulados
cristianos, ya que fue en el Concilio Vaticano II donde con claridad se
reconoce en la carrera armamentista la plaga mas grave que afecta a la
humanidad ya que, por un lado, no solo no elimina las causas de conflicto
entre naciones, sino que por el contrario, poco a poco, tiende a aumentarlas;
y, por otro lado, los millones de dólares que se invierten en armamentos
podrían ser utilizados para mitigar los padecimientos humanos. Por
estos motivos, el cristianismo plantea que la humanidad debe pensar nuevos
caminos para superar los conflictos existentes entre las naciones, y lograr
establecer una verdadera, auténtica y segura paz entre los pueblos
(Cf. Constitución Gadium et spes, 81)
Con igual contundencia,
el MNOAL expresa su ferviente lucha por la democratización
del orden económico-comercial y político internacional actual,
que permita a los países en desarrollo participar en pie de igualdad
en ambas esferas en el ámbito internacional; y la condena a la continua
aplicación unilateral, por parte de algunas potencias, de medidas
económicas coercitivas y otras, que incluyen la aplicación
de leyes extraterritoriales, contra determinados países en desarrollo,
con miras a evitar que estos países ejerzan el derecho a escoger
libremente sus propios sistemas políticos, económicos y sociales.
En vinculación con este punto, fue el Episcopado Latinoamericano
quién planteó que contra la paz mundial atentan las diferentes
tensiones internacionales - neocolonialismo exterior - que promueven una
dependencia económica de los pueblos mas pobres, que dominados por
políticas económicas y comerciales inspiradas en el lucro
sin freno, conducen a la dictadura económica y al imperialismo internacional
condenado por Pio XI en la Quadragesimo anno y por Pablo VI en la Populorum
Progressio (Cf. Medellín, Paz, 8, 9)
Y por último,
el MNOAL adopta una enérgica defensa del derecho
inalienable de los pueblos de los territorios no autónomos y bajo
dominación colonial a la autodeterminación y la independencia.
Con relación a esta cuestión que en líneas generales
se asocia con el respeto al derecho de libertad de las personas y los pueblos,
fue el Episcopado Latinoamericano quién denunció las graves
consecuencias se desprenden de las acciones que realiza el imperialismo,
en forma directa o indirecta, en los países mas pobres (Cf. Medellín,
Paz, 10), provocando que éstos no sean dueños de sus territorios
y bienes y que, así mismo, no posean la libertad necesaria para
llevar adelante, con independencia y soberanía, políticas
económicas que contradigan las estrategias de un sistema que beneficia
a unos pocos y condena a la miseria a millones de seres humanos.
Ahora bien,
estos posibles puntos de encuentro entre los posicionamientos políticos
planteados por el MNOAL y la doctrina cristiana, no deberían
ser utilizados para adoptar una actitud de condenación hacia las
naciones del Primer Mundo. Si, por el contrario, estas coincidencias pueden
ser útiles para "recordarles" a los países más ricos
del mundo, sobre todo a aquellos que resultan ser tan hipócritas
como los fariseos, ya que con la palabra proclaman ser cristianos pero
en la práctica sumergen en el lodo de la indigencia a continentes
enteros (Cf. Mc. 7, 6 - 7), que las riquezas del mundo no deben ser acumuladas,
de manera egoísta, por algunas naciones, sino que por el contrario,
deben ser puestas solidariamente al servicio de los pueblos mas necesitados,
para lograr promover su plena y digna realización (Cf. Puebla, 492).
De ahí que, teniendo en cuenta que el lujo que ostentan y despilfarran
los países más ricos del mundo, constituye un insulto contra
la miseria de las grandes masas, es su obligación cristiana utilizar
el avance económico por ellos logrados para desarraigar la extrema
pobreza que muchas veces ellos mismos han originado.
En última instancia,
los puntos desarrollados en los párrafos
anteriores pueden ser ilustrativos para que, desde una actitud humilde,
caritativa, solidaria y cristiana, los integrantes del Pueblo de Dios,
por un lado, reconozcamos que en los principales posicionamientos
políticos del MNOAL existen significativos puntos de encuentro con
los planteamientos elaborados - a lo largo del siglo pasado - por el Papa
Pablo VI - entre otros - y el Episcopado Latinoamericano; y, por otro
lado, caigamos en la cuenta que, en reiteradas ocasiones, las políticas
económicas e internacionales que ponen en práctica los países
del primer mundo contradicen la doctrina cristiana, ya que siembran sobre
la faz de la tierra los gérmenes que favorecen la reproducción
de escenarios de pecado y desolación en los que miles de hombres
y mujeres padecen cotidianamente. constitucionales.
|